¿Te gusta criticar?

¡Qué hongo, Emprendedores!

“No necesitas tener una opinión sobre algo, el mundo no está esperando tu veredicto”. 

Es una frase inspirada en una Meditación de Marco Aurelio que vive en mi cabeza desde que la leí y que recuerdo cada vez que la situación lo amerita.

Estas últimas dos semanas he repetido en mi cabeza un breve intercambio que tuve con Valeria hace meses. El escenario es el mismo: Ella sentada junto a Eduardo, yo en la entrada de la oficina, en camino a hacer algo que ya ni recuerdo. Pero sí la pregunta que me hizo: ¿Te gusta criticar?

Si mal no recuerdo, le dije “No, no mucho” jajajaja (la clave está en “no mucho”).

¿A quién no le gusta criticar? Todos lo hacemos. Es natural. Es parte de quienes somos y el mundo que hemos construido. 

Criticar lo veo como un arma de doble filo. Por un lado, nos puede ayudar a crecer porque detectamos áreas que sabemos que podemos mejorar en nosotros mismos, así como en el mundo que nos rodea. Considero que, sin duda, nos ha impulsado a crear cosas extraordinarias como especie. No obstante, para que la crítica se vuelva “positiva”; es decir, un impulso para crecer, debe acompañarse con acciones y compromiso con mantenerlas. 

De otra manera, la crítica asume su lado negativo. Que es el que generalmente adoptamos por ser más fácil. Este lado del filo se vuelve en una excusa para emitir un juicio emocional sobre algo en particular que, por lo general, es negativo.

Hacerlo implica ocasionarnos molestia, una sensación de desagrado y desgaste que afecta nuestro estado emocional.

Por eso recuerdo esa frase y, aunque Marco Aurelio se refiere a las opiniones y mi conversación giró en torno a la crítica, la raíz es la misma: nuestra tendencia a querer etiquetar todo lo que nos rodea.

Más que recordar la frase, pienso en los significados que le atribuyo:

Primero, criticar y opinar sobre todo agota y agita. Cada juicio que emitimos nos compromete emocionalmente, nos obliga a defenderlo, a irritarnos cuando es cuestionado, a sufrir cuando los hechos no se someten a él. Abstenerse de opinar es, en buena medida, “dejarle de echar leña al fuego”.

Segundo, es recordarnos que debemos pausar y reconocer que muchas impresiones nos llegan reclamando nuestro veredicto y que negarles esa calificación es un acto de gobierno sobre nosotros mismos.

La frase no es una invitación a la indiferencia ni al desinterés por el mundo, sino a no dejar que nos enredemos en juicios innecesarios sobre cosas fuera de nuestro control. Además, el "hábito de criticar" consume recursos cognitivos que un Emprendedor o Emprendedora como tú necesita para resolver problemas reales o tomar decisiones estratégicas.

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