Soberanía Cognitiva vs Soberanía Comunal.
¡Qué hongo, Emprendedores!
Hace unos días volví a escuchar un episodio de uno de mis podcasts favoritos, Diary of a CEO, con Brené Brown como invitada y durante su plática con Steven Bartlett sobre el impacto que han tenido las redes sociales en nuestra atención, ella mencionó un término que me pareció bastante interesante y digno de reflexión: “Soberanía Cognitiva”.
Este término significa quitarle a los algoritmos el control que tienen sobre nosotros para que seamos libres de elegir lo que queremos consumir, leer y cómo pensar de forma crítica.
Para Brené Brown, en la actualidad, la capacidad de poner atención y enfocarse son bienes comerciables.
¡Ah, pero esto se pone más interesante!
Mientras seguían platicando sobre el tema, ella mencionó que, aunque se sentía orgullosa de proponer el término, un día, en una plática con el comediante Trevor Noah, éste le argumentó que, más que Soberanía Cognitiva, el mundo verdaderamente necesita “Soberanía Comunal”.
Es decir, para él, el problema es que todo está diseñado para ser hiper-personalizado; es decir, todo lo ves en tu teléfono está diseñado para ti. Tu feed, tus noticias, tus recomendaciones, tu realidad… son completamente soberanas para ti solo. Cada persona vive en su propio reino digital privado, donde el algoritmo le sirve exactamente lo que refuerza sus sesgos, miedos y placeres.
Eso genera individualismo extremo disfrazado de “personalización”.
¡Uff!
Creo que vale la pena reflexionar sobre el punto que ambos comparten. Los algoritmos nos individualizan al extremo y nos roban la realidad compartida.
Estoy de acuerdo con los dos pero creo que Trevor Noah no considera un factor clave, sólo un individuo soberano puede elegir genuinamente una comunidad. Si no recuperamos primero nuestra propia mente, cualquier “comunidad” que formemos será frágil, manipulable o tóxica. Llevaremos a ella nuestras adicciones algorítmicas, nuestros sesgos no cuestionados y nuestra incapacidad para sostener una conversación profunda sin checar el teléfono.
Seremos “individuos soberanos” sólo en apariencia, pero en realidad seguiremos siendo súbditos de las plataformas. Por el contrario, cuando una persona logra soberanía cognitiva (decide qué consume, cómo piensa y a qué le presta atención), entonces sí puede elegir entrar en comunidad desde un lugar de agencia, no de necesidad emocional o tribalismo.
Ahí es donde la comunidad se vuelve poderosa.
Al final, no se trata de elegir entre un individuo o una comunidad, sino de crear un ciclo virtuoso donde el primer paso sea recuperar nuestra soberanía cognitiva (el control de nuestra atención y pensamiento) para desarrollar la capacidad real de conectar con otros desde la libertad y no desde la adicción o el sesgo. Esa conexión genuina genera comunidades más fuertes y resilientes y esas comunidades, a su vez, refuerzan nuestra soberanía individual porque en ellas aprendemos, debatimos, crecemos y nos volvemos más libres.
Si invertimos el orden (comunidad primero, sin soberanía individual), terminamos exactamente donde estamos ahora, en tribus digitales donde la lealtad al grupo reemplaza al pensamiento crítico y la pertenencia se convierte en una nueva forma de esclavitud mental.
¿Mi sugerencia?
Cambia una hora de TikTok o Instagram por un audiolibro o podcast que te enseñe algo nuevo y sal a caminar sin teléfono.