La crisis de la identidad profesional en la era de la IA.

¡Qué hongo, Emprendedores!

¿No les pasa que cada vez que abren alguna app de red social les aparece una historia o post de cómo cientos de personas perdieron su trabajo porque una compañía decidió sustituirlas por IA? 

Hasta hace algunos meses, sólo me enteraba de esto por las redes sociales. Ahora, me ha tocado asesorar legalmente a algunos de mis clientes que quieren hacer lo mismo en sus propias empresas.

¿Lo peor? Creo que esto es sólo el principio.

Desde que se anunció Chat GPT en el mundo hace algunos años, la IA ha evolucionado a una velocidad impresionante y también ha permeado, en grados distintos, en todos los ámbitos de nuestras vidas, especialmente, el profesional. Con mayor frecuencia, las principales empresas de IA desarrollan e implementan alguna función en sus modelos con el objetivo de automatizar, sustituir o mejorar algún proceso, actividad o trabajo que, anteriormente, sólo podía realizar una persona o grupo de personas con habilidades muy particulares y años de experiencia. No sólo esto, sino también que lo hacen mucho más rápido y a un costo considerablemente menor.

Como abogado corporativo, cada día me impresiona más el nivel de competencia jurídica que tienen estos modelos. Claro, aún cometen errores y no pueden asumir la responsabilidad como lo hacemos ahora los abogados. Tampoco considero que puedan sustituir nuestra profesión, por ahora. No obstante, esto puede cambiar en un futuro no muy lejano.

Esto me ha hecho reflexionar sobre el valor que le damos a lo que hacemos profesionalmente y cómo lo hemos hecho parte de nuestra identidad y, en algunas ocasiones, nuestra identidad completa. Cuando construimos casi todo nuestro sentido de valor alrededor de “lo que hacemos” o “lo que producimos profesionalmente”, cualquier amenaza externa a esa actividad se convierte en una amenaza a nuestra persona. La IA está convirtiendo esa amenaza en algo más rápido, más amplio y menos predecible.

Creo que esto ocasionará una crisis mundial de identidad y autoestima; para lo cual, no estamos preparados.

Desafortunadamente, esto es inevitable. 

Tampoco quiero ser fatalista, ya que todavía hay cosas que podemos hacer. Una de ellas, por ejemplo, es “diversificar nuestra identidad”.

Descubrí este concepto por primera vez escuchando uno de los episodios del podcast de Mark Manson, “Solved” y, posteriormente, indagué más al respecto en su artículo “Why You Should Care About Many Things”; el cual, se los recomiendo ampliamente. 

En él, menciona que el autor Tim Ferris lo explica de esta manera, a grandes rasgos: “Si tienes dinero, es inteligente diversificarlo. Así no te quedas en la calle si una inversión no te sale. Lo mismo aplica con tu identidad: invierte tu autoestima y lo que te importa en varias cosas a la vez, trabajo, amigos, pareja, causas, deporte, etc., para que cuando una se hunda, no te hunda a ti también”. 

Si lo traducimos a la práctica, diversificar nuestra identidad implica invertir tiempo y energía real en varias áreas a la vez, como el trabajo o proyectos profesionales (sin que sea lo único que nos defina), la vida social y las amistades que no dependan de nuestro empleo, las relaciones cercanas, la filantropía o alguna forma de contribución social o al medio ambiente que nos importe y aquellos deportes, hobbies o actividades físicas donde podamos medir nuestro progreso y sentirnos competentes fuera del ámbito laboral. 

La clave no es hacer un poco de todo, sino elegir varias de estas esferas y comprometernos de verdad con ellas, de modo que cada una se convierta en una fuente independiente de autoestima y sentido; así, cuando una se tambalea, las otras nos sostienen.

Una forma sencilla de empezar a diversificar nuestra identidad es hacernos estas preguntas y responder con sinceridad: ¿de dónde saco realmente mi sentido de competencia y de valor? ¿Qué porcentaje de mi autoestima depende de mi trabajo, de mi profesión o de lo productivo que soy? ¿Qué otras áreas de mi vida me dan un sentido de progreso, conexión o utilidad, aunque sean pequeñas?

Si descubren que casi todo el peso está concentrado en una sola actividad (casi siempre el trabajo), conviene empezar a mover parte de ese peso hacia otras esferas antes de que una disrupción como aquella que esta causando la IA te obligue a hacerlo. No se trata de abandonar tu carrera de un día para otro, sino de ir construyendo, de forma deliberada, otras fuentes de identidad que no dependan de ella. El mejor momento para diversificar no es cuando ya estás en crisis, sino cuando todavía tienes margen para elegir.

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¿Cómo actuar?