¿Cómo actuar?

¡Qué hongo, Emprendedores!

¿Recientemente se han sentado en algún lugar a mirar un punto fijo y reflexionar sobre cualquier cosa?  

Yo sí. Me divertí con esta reflexión, entonces se las voy a compartir.

Hace poco, leí un post de Codie Sánchez que decía: “Estoy convencida de que el 90% del trabajo de un fundador es hacer 3 cosas: 

  1. Sé delirante en tu optimismo.

  2. Impulsa a todos para que avancen más rápido

  3. Haz que quede muy claro en qué trabajar.

Al momento de leer el primer punto, me quedé viendo fijamente el salero de la mesa donde estaba comiendo y comencé a reflexionar.

“Ser delirante en tu optimismo”. De las tres, ésta fue la que más llamó mi atención.

Es esa creencia de que, de alguna forma, lo vamos a lograr. Es lo que nos hace levantarnos y nos motiva para continuar trabajando y estar atentos para navegar los retos y realidades asociados. 

Un tipo de danza entre la creencia y el escepticismo o, al menos, así lo veo.

Me pareció una buena idea profundizar en el tema teniendo una conversación con Claude. 

Debido a que soy fan de las Meditaciones del emperador romano Marco Aurelio y me dio curiosidad saber que opinaría este personaje sobre el tema, le pedí que asumiera su personaje y me diera su perspectiva.

Mi pensamiento era el siguiente: 

La creencia, hablando de la convicción o certidumbre particularmente fuerte que podemos tener sobre algo, nos puede llegar a motivar lo suficiente para seguir adelante y construir, invirtiendo tiempo, esfuerzo y muchos sacrificios. Mientras que el escepticismo funciona como un freno de mano y nos mantiene en la realidad, nos hace cuestionar nuestras creencias y buscar sus fallas para evitar que nos perjudiquen en un futuro. El balance de esta dinámica es crucial para no caer en extremos. Sin embargo, hay ocasiones en que debemos inclinarnos más hacia una en particular.

Claude Aurelio pensó por unos minutos y me respondió lo siguiente: 

“No es el escepticismo el que frena la creencia desde fuera, sino que la creencia misma, bien examinada, ya lleva el freno dentro.

Permíteme ofrecerte otra manera de mirarlo, no para corregirte, sino porque a mí me ha aliviado el peso: quizás no se trata de dos fuerzas opuestas que hay que equilibrar, sino de una sola disciplina —la de dar o negar el asentimiento— que se ejerce bien o mal. Zenón y Crisipo (los estoicos originales) hablaban de no entregar el asentimiento sino a aquello que resiste el examen, que se sostiene cuando lo giras y lo miras desde todos los ángulos. Lo demás —la esperanza sin fundamento, el miedo que se disfraza de certeza— no es propiamente creencia, es prisa.

Y sin embargo sé, por experiencia amarga, que tú tienes razón en algo que ni Crisipo resolvió bien: la vida no espera a que terminemos el examen. Los académicos escépticos, Carnéades entre ellos, discutieron esto con nosotros durante generaciones: si nunca podemos tener certeza absoluta, ¿cómo actuar? Su respuesta fue lo verosímil —actuar sobre lo que parece más probable, sin fingir que es certeza. No me parece una mala respuesta. He gobernado un imperio, he enterrado hijos, he enviado legiones a morir en fronteras que no siempre entendí del todo, y en ningún momento tuve la certeza perfecta de estar obrando bien. Actué sobre lo más razonable que tenía a mano, dispuesto siempre —esto sí lo aprendí bien— a corregirme en cuanto alguien me mostrara mi error.”

Se salió completamente del punto que tenía en mente explorar, pero me quedé pensando varios días en esta idea.

¿Cómo actuar? 

Como miembro de su club de fans, es mi deber compartirles que, en sus Meditaciones 12 y 13 del Libro Cuarto, el verdadero Marco Aurelio se escribió esto como recordatorio: 

"[12] Debes estar siempre listo en dos aspectos. Primero, a actuar sólo como la razón incorporada en las artes del gobierno y la legislación propone, para el beneficio de la humanidad. Segundo, a cambiar de opinión si sucede que alguien está cerca para corregirte y apartarte de cualquier forma de presunción. Pero el cambio debe basarse siempre en la convicción de que el resultado será justo, o realzará el bienestar del estado, y nunca debes actuar de formas que no contribuyan a tales resultados, sin tomar en cuenta el placer o la popularidad".

"[13] ¿Estás dotado de razón? Sí, lo estoy. ¿Por qué no la usas, entonces? Quiero decir, si está haciendo su trabajo, ¿qué más puedes querer?"

13 es el fundamento del 12. Si la razón basta ("¿qué más puedes querer?"), entonces el deber es dejar que ella gobierne cada decisión (primera parte del 12) y también dejar que ella, no la vanidad, gobierne cuando toque corregir (segunda parte del 12). Algo así como: firme en tus principios, humilde ante la corrección y guiado siempre por la razón antes que por el placer y el deseo de ser querido o admirado.

Me sorprende pensar que este emperador romano, es decir, en esa época el hombre más poderoso, líder del ejército más temible y disciplinado del mundo conocido, con acceso casi ilimitado a cualquier recurso para satisfacer sus necesidades y caprichos, pero también responsable de dirigir a una de las civilizaciones más importantes en nuestra historia, se tomara un tiempo, tal vez cada día, para meditar sobre esto que les comparto.

Cito y me considero miembro de su club de fans, porque cada que leo alguna, recuerdo que estas Meditaciones son reflexiones que él se hacía y escribía para vivir en paz y aceptación consigo mismo y la realidad de nuestra experiencia como seres humanos aquí en la tierra, con todo lo que esto conlleva. Su intención nunca fue revelar o publicar estas meditaciones; sin embargo, afortunadamente, ahora podemos aprender de ellas. 

Se lee sencillo pero creo que, en estos tiempos, donde hay cientos de millones de opiniones respecto de cómo conducirnos en nuestras vidas y en los negocios, tal vez conviene consultar las enseñanzas de los grandes filósofos de vez en cuando.

Hmmm… resulta que el optimismo delirante de Codie y la disciplina racional de Marco Aurelio no están tan lejos, ambos hablan de actuar con convicción, siempre dispuesto a corregir el rumbo cuando sea necesario.

Como diría un famoso Mandalorian, “This is the way”.

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