¡Qué hongo, Emprendedores!
Hace un par de semanas escribí una entrada para mi blog sobre la crisis de identidad profesional que considero se nos viene encima con el desarrollo de la IA y su capacidad para desarrollar actividades que actualmente nosotros hacemos. Si bien sugerí que la “diversificación de identidad” puede ser una herramienta que nos ayude a enfrentar esta crisis, hay otro aspecto que no abordé y que también me parece sumamente interesante, el fracaso.
¿Y qué tiene de interesante el fracaso?
Pues, hasta hace un par de semanas, diría que nada. En mi caso, es una de esas espinitas que tengo en la mente. De vez en cuando, se asoma y me pongo a pensar en los escenarios catastróficos que ocurrirían en mi vida si llegara a fracasar. Creo que esto es algo que nos pasa a todos.
No obstante, estás últimas dos semanas he estado escuchando el episodio de “Failure”, del podcast “Solved”, de Mark Manson y la forma en que desarrollan el concepto del fracaso, me ha puesto a pensar en cómo defino mi “fracaso”.
Antes de aventarles todo el choro, empecemos por las definiciones de éxito y fracaso que utiliza Mark en su episodio:
“El éxito es un acuerdo temporal que cumple con un estándar establecido y el fracaso es terminar este acuerdo porque continuarlo implicaría un costo”.
Hmmm…
Definitivamente yo no lo veía así.
Pero espérense, ahí no acaba el tema. Lo que dice después es lo que me parece sumamente interesante y por qué lo vinculo a la crisis de identidad que presiento se nos viene encima.
“Cuando te defines, defines tus fracasos” Cuando te atas a cualquier cosa, estás fijando los términos de tu fracaso”
¡Santo gancho al cerebro, Batman!
Manson explica que el fracaso tiene tres características: 1) Es arbitrario; 2) es inevitable y 3) es relativo.
Profundicemos un poco más en cada una de las características:
Es arbitrario porque es un concepto inventado. Depende de los estándares que nosotros mismos, la sociedad, nuestra familia, amigos o comunidad decidamos usar. Cambiamos la vara con la que medimos y lo que antes era un fracaso deja de serlo. Lo que consideramos cómo “fracasar” no es una medida objetiva en el mundo, es una etiqueta que nosotros mismos colocamos.
Es inevitable ya que, en cuanto nos planteamos hacer, crear o desarrollar algo o en cuanto nos definimos como “soy tal persona”, ya estamos fijando los términos de nuestro futuro fracaso. Nada dura para siempre y todo termina, se transforma o se pierde. Incluso lo que “sale bien” tiene fecha de caducidad. En cualquier línea de tiempo, la tasa de fracaso de todo es del 100 %. Definir algo es, al mismo tiempo, definir cómo va a fracasar.
Finalmente, es relativo porque siempre lo medimos contra una expectativa o un estándar y esos estándares son relativos. Dependen de con quién nos comparemos, de qué valores prioricemos y de cómo definamos el éxito en ese momento. Lo que para una persona es un fracaso, para otra es un aprendizaje o incluso un éxito parcial. No existe el fracaso absoluto, sólo existe el fracaso respecto a algo.
Entenderlo desde esta perspectiva te vuela la cabeza, y reconozco que, cuando terminé de escuchar el podcast, me vino una pequeña crisis existencial, jajajaja.
Aunque esta reflexión tiene un tono medio “nada vale la pena”, la última pregunta es lo que la hace memorable:
¿En qué vale la pena fracasar, entonces?
Vale la pena fracasar en las cosas que realmente importan para ti, Emprendedor, no en las que solo sirven para evitar el miedo o para cumplir expectativas ajenas.
Al final, se trata de elegir nuestros fracasos conscientemente y estar satisfechos con esa elección.
Si quieres saber cuáles son esos fracasos para ti, hazte las siguientes preguntas: ¿De dónde vienen tus estándares? ¿Son tuyos? ¿Qué estás dispuesto a construir sabiendo que, algún día, fracasará?